lunes, 13 de febrero de 2012

El riesgo... Capítulo 1

Fue a sobre manera extraño lo que parecía el ultimo deseo de aquel enfermo, comparable tan solo, con el delirio tan característico de aquellos que agonizan, sin embargo, sus fuerzas vitales aun no estaban del todo corroídas y en su petición había tanta o mas seguridad como la puede haber en alguien que apuesta en algo cuyo resultado ya sabe la respuesta. El pobre hombre se hallaba postrado en su cama, siendo atendido por su pareja ella le pregunta temiendo lo peor: - cariño, ¿Quieres que traiga ante ti al sacerdote?- -¿Sacerdote? Si no estoy en la edad media! Trae ante mi al mejor Psicòlogo!- contesto el enfermo Ante tal declaración todos se voltearon extrañados para mirar al pobre enfermo, tachando le de loco, y por ende tratando de hacer caso omiso a su petición, intentando disuadirlo en todo caso, pero la determinación de aquel enfermo era tan férrea que a ultima instancia salió el hijo mayor a la calle, en busca de cualquier consultorio, de cualquier Psicòlogo que pudiera hallar, lo cual, resulto ser mucho mas difícil que encontrar un medico, por casualidad se resolvió volver a casa, buscar en el directorio y llamara al primero de la lista. Después de tres tonos contesta una voz de hombre al otro lado de la línea: - buenas tardes, ¿En que lo puedo ayudar?- dijo el Psicòlogo - bendito sea Dios!, señor necesitamos de su ayuda!- dijo el hijo -si claro, de que se trata?- - es, mi papá, esta muriendo, y pide ver a un Psicòlogo antes que nada mas pase- -....- el Psicòlogo quedo totalmente extrañado, no era la primera vez que atendía llamadas un poco fuera de lo común al consultorio, pero esto simplemente le parecía producto de una broma, en calidad profesional, y por otra parte, viciado por su curiosidad, se resolvió atender aquel llamado, pretendiendo no estar sorprendido dijo: -lamento mucho su situación, si confía usted faciliteme la dirección y llegare lo mas pronto- - muchas gracias Doctor!, es en la colonia arbustos, cerca del puente Alameda, calle mancuerna, numero 8, toque el timbre, lo atenderemos de inmediato- el hijo contesto de un modo totalmente aliviado, esperando tan solo que aquel hombre llegara a tiempo -entendido, parto de inmediato- sin mas el Psicòlogo colgó el teléfono, pensando en como se había referido el chico hacia él, "Doctor", no en calidad de quien posee un doctorado, que si era su caso, sino en calidad de medico, un pequeño error en que incurrían la mayoría de las personas que se referían a el buscando ayuda. Era la tarde de un jueves, el sol asomaba y aquel día solo tenía una consulta por la mañana, el tiempo restante lo aprovechaba para leer y estar a solas en su consultorio, se trataba de tres habitaciones, una que funcionaba a manera de recepción donde había una fuente de agua, tenía forma de molino, el escritorio que separaba dos puertas de las otras dos habitaciones restantes, dos consultorios, en uno solía atender niños y en el otro adultos, cuando no, el consultorio de niños era prestado a sus colegas para atender a sus propios clientes, o pacientes, según el enfoque, una diferencia que a el le parecía fundamental, divertida y en ocasiones también sin sentido, se corrían tiempos donde el trato que muchas veces uno buscaba no era el de sujeto, sino el de consumidor. Al recibir la llamada el estaba releyendo un cuento de la preparatoria, "tiempo después", le fascinaba lo diferente que siempre presentaba leer lo mismo, y ya en la universidad se lo habían comentado: "pensar lo diferente en baso a lo mismo"; cuando al fin colgó, tomo su sudadera y se encamino sin prisas hacia el lugar, al salir a la calle llamo a un taxi, en cualquier otra circunstancia le habría encantado viajar en camión, a ultimas fechas el trafico se antojaba agradable y siempre veía maravillado historias o pequeñas historias cuando viajaba en transporte publico, pero aquella ocasión demandaba rapidez, sin demoras, por ello mismo había dejado el automóvil, pues no quería perder tiempo ni concentración buscando el lugar, ya volvería por su carro al anochecer. Después de 15 minutos llego al lugar, se aliso el pantalón de cualquier arruga y adopto una posición seria, a pesar del atuendo de jeans, playera blanca y sudadera negra, extrañamente aun era capaz de proyectar una imagen profesional, en el mundo de hoy era un dicho popular y bastante cierto "la imagen vende", lo cual se ajustaba perfecto a aquella minuciosidad en los detalles del cuidado de su imagen y lo que pretendía que esa imagen presentara al otro. Pago y en cuanto se encontró frente a la puerto llamo al timbre, sin demora lo atendió un muchacho alto, piel morena pero clara, y con la misma voz que el que había llamado: -señor, muchas gracias por venir!- dijo el hijo -descuide, donde esta el enfermo? Y que es lo que pasa con exactitud- respondió el Psicòlogo -mi papá enfermó hace algunos meses, y cada día se ponía peor, hoy tenemos miedo de que muera cualquiera de estos días, hoy parecía que estaba agonizando, mi mamá le ofreció llamar a un sacerdote, para que pudiera confesarse, pero el lo rechazo por completo. Dijo que quería ver a un Psicòlogo, por eso lo he llamada a usted, de verdad ñe agradezco que haya podido venir- el hijo se había conmocionado bastante -no hay problema, lleva me con el si esta listo ya- el Psicòlogo sabia que lo que hacia era algo extraño y muy poco usual, no se imaginaba que podía requerir de el una persona que estaba por morir, y sabia que si había accedido no había sido solo por la llamada y su curiosidad, había sido movido también por el sentimiento que despertaba en el ayudar a cumplir el ultimo deseo de una persona, por extraño que este fuera. El hijo, un adolescente vale decir, condujo al Psicòlogo hasta una habitación en cuyo pasillo se encontraban algunos miembros de la familia, que en cuanto el llego a ellos y se presento lo voltearon a ver con desagrado, ofendidos aun por el rechazo del enfermo a un sacerdote, y la petición en su lugar, de un Psicòlogo, el estaba entonces en lugar del sacerdote, como si usurpara su lugar, un hecho por supuesto que seria mal visto por una familia religiosa como lo era esta. La pareja del enfermo salió de la habitación y en cuanto lo vio supo que se trataba del Psicòlogo, lo introdujo a la habitación y tan solo le dijo el nombre de quien había pedido por el: -se llama Carlos- dicho esto la mujer cerro la puerta tras ella dejando lo de pie en la entrada, el seguía sintiendo todo ello como muy extraño, pero sin queja alguno, pues una premisa en su vida y como Psicòlogo era el conservar esa capacidad de sorprenderse -hola Carlos, buenas tardes, mi nombre es Miguel, tu hijo me ha dicho que pedías ver a un Psicòlogo, y vine a ver en que podía servirte- fue la forma en la que Miguel justifico su presencia con el -mucho gusto Miguel, se lo extraño que debe ser esto, el que yo te llame hasta aquí, pero veras, las circunstancias no me lo permitían de otra forma... Quizás ya hice pasar a mi familia una gran decepción, aquí somos religiosos y el que yo rechazara un sacerdote los ha ofendido a sobre manera, y aunque mi forma de hacerlo, lo reconozco, fue muy despectiva, lo ultimo que quería era ofenderlos, no se... No me voy a morir todavía, hay muchas cosas que quiero y necesito hablar, mas allá de mi estado físico me acongoja un malestar mas viejo, mas de antaño, una intranquilidad insufrible, un tormento sin horarios, que bien podía asaltarme primera hora en la mañana, bien lo hacia a mitad de cualquier conversación, con cualquier persona... Soy alguien que disfruta hablar con quien se cruce por su camino, mas aun siento que detrás de todo este hablar no digo nada, me aterra la sola representación de vivir en un minúsculo instante, y a veces me maravilla, me llena... Me aterra no ser eterno, y al mismo tiempo estar condenado a repetirme hasta la eternidad, como a toda persona normal, yo creo... No se, es tan solo que quiero hablar, y saber que es lo que no estoy diciendo, eso que se me oculta...- Nuestro Psicòlogo, había quedado maravillado, sabia que Carlos había sorteado la imagen que aun se sostiene del Psicòlogo como el que da consejos para que uno pueda vivir mejor, como si el Psicòlogo supiera por adelantado la vida y las dolencias de sus pacientes, o clientes, esta persona (Carlos) parecía saber, sin saberlo, uno de los fundamentos básicos en la psicologia, psicoanalítica claro, ese fundamento y pilar que nos habla de aquello que no se dice, lo que esta oculto, que se nos esconde, aquello que esta reprimido, que nos habla pues, del inconsciente. - Siendo así, Carlos, ¿qué es lo que quieres hablar?- Sin mas, Miguel se decidió a escuchar aquello que Carlos necesitaba decir

Sol

  No sé cuánto hace pero siento el frío y herido en el orgullo   pretexté   la vacuna el desvelo el ejercicio el hambre y la verdad se va po...