jueves, 28 de septiembre de 2017

Amor en Fiorema (Fragmento)


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Hacía noche serena, apenas una ligera llovizna, de la que nadie procuraba protegerse, bastante calor aquellos días de julio y el bochorno que se levantaba en la costa de Fiorema hacía que fuera bastante agradable el rocío sin viento de aquella noche. Estaba Conn en compañía de Loki, habían salido de paseo y se les había agregado un amigo casi al final del recorrido.
Habían llegado a uno de los muelles municipales, era un muelle largo para turistas, que conectaba junto con otros dos a una plataforma flotante en la que había uno que otro bar y un par de cafeterías, una especie de plaza flotante entarimada, muy calma, muy bella.
Pero era Julio, y las escuelas y trabajadores todavía no estarían de vacaciones sino hasta dentro de un par de semanas y las visitas al pequeño pueblo seguían siendo escasas, uno que otro peatón por la zona y un par de mesas ocupadas en bares y cafeterías.
Conn y Carlos habían comprado un par de cervezas, estaban recargados sobre el barandal, viendo a la gente pasear hasta que cierta persona llamó especialmente su atención. se trataba de un chico, un hombre de entre 24 y 27 años, alto, de cabello bastante alborotado y largo, conformado de mechones que se le acomodaban en todas direcciones, la particular melena tenía un brillo natural y le daba un aspecto agradable y confiable. Era de complexión delgada, casi atlética, pero con los hombros y espaldas anchas, vestía con un suéter negro, botas y pantalón de mezclilla, estaba sentado sobre el piso, bajo el refugio de los tejados que sobresalían de las casas. Su antebrazo derecho recargado sobre su rodilla levantada y la otra pierna estirada, la mano izquierda sobre su frente con los dedos enredados en su melena, gesto sombrío, como a quien está a punto de ganarle el llanto y la impotencia, lo ojos viendo no al vacío, sino hacia el fondo, hacia el tope de vidrio impasable que siempre queda al final de una cerveza, por ejemplo.
Sus ojos estaban viendo al fondo, y parecía que su fondo estaba fijo en algún punto entre las montañas y el entarimado de la plaza flotante, lo atravesaban todo, no hacían reparos en los poco transeúntes y le volvían invisible, casi. Conn le había notado, y él mismo sabía que debía lidiar con los jirones visibles que quedaban de sí, casi trágico.
Conn se delató como sobrecogido por el joven de la banqueta, y su acompañante lo descubrió de inmediato, pasó una breve revisión de Conn al hombre de la banqueta y no pudo evitar una risa entre dientes, se emparejó con su amigo recargándose sobre el barandal y le preguntó con cierta complicidad burlona:
  • ¿Te parece familiar?
  • -¿ Qué? - Conn volteó a ver a su amigo, la complicidad en su mirada le dejó entender el chiste y soltó una carcajada por lo bajo.
  • Se parece a nosotros - resolvió Conn
  • Casi, pero sin lo dramático, sin la duda como acusadora, la angustia y el hambriento afán. sin lo liado, para pronto. Sólo está destrozado, trae el alma hecha jirones - Habló Carlos, y parecía haber cierta pizca de envidia y ternura al hablar de él.
  • ¿De dónde es, qué le pasó?
  • Es de aquí, vive a pocas calles de aquí, y lo de siempre, lo importante, se enamoró.
  • ¿Y luego, qué ocurrió, por qué terminó así? - Conn le prestó otra mirada, había cogido una botella y por un momento todo le pareció acorde con lo que debía ser una escena trágica, pero algo le llamó la atención, no era cerveza, ni licor de ningún tipo, era agua, una simple botella de agua.
  • Encontró cierta valentía y bravura, incluso más que nosotros - su acompañante parecía haber advertido su intriga - y eso es lo especial de su caso. Erik era un chico un poco cobarde, tímido y un poco extrovertido . . . ¡vaya! Realmente se parecía a nosotros - Esto último se le escurrió entre carcajadas. - Siempre fue del tipo tranquilo, tenía uno que otro hobbie y la gente lo conocía mucho por su amabilidad, es un chico bastante agradable, sé que es ingeniero pero no sé exactamente en qué.
Un día ocurrió algo nuevo, nadie sabe cómo empezó, ni en qué momento se cruzaron y mucho menos cómo empezaron a charlar, pero pronto todos lo empezamos a ver muy cerca de una chica, se llama Mindy - hizo una pequeña pausa para dirigir su mirada al hombre de la banqueta, le veía con compasión, como si le hubiera azotado una tormenta, un huracán que arrancara de él toda preciosa posesión que algún día tuvo.
Es una chica hermosa, de tez morena y una sonrisa para idiotizarse, tiene un paso rítmico ¿ya sabes? Como cuando a veces los escritores dicen que bailan, no caminan. Hace mucho ejercicio, y eso le ha pasado una bella factura en sus formas, es ligera, parece que flota, es “grácil” Se dice así ¿no? Y tiene un aroma sacado de cuentos. Una cabellera de chinos y ondulados, preciosa, abundantes y pesados.
Verlos juntos era toda una singularidad, ella es una chica popular, de fiestas y antros, es medio deportista, el no tanto, llega a salir pero nadie le ha visto siquiera tomar una cerveza o fumar algún cigarrillo, el arma barcos de esos miniatura dentro de botellas, y el chisme dice que así se conocieron. Se toparon en la tienda y ella había entrado ahí como a explorar, que la gerente estaba ocupada y que Erik le empezó a informar y dar detalles sobre lo que ella preguntaba, dicen que pecó de inocente y que eso terminó por valerle el corazón de Mindy. El no sabía quién era ella, y se acercó sólo porque la vió perdida sobre las herramientas, los materiales y todo el asunto. Fue cordial con ella pero hasta ahí, lo que supuso una alivio para Mindy, los hombres que se le acercan de la nada solo hacen para pedirle su número, invitarla a salir, todo eso - hizo una pequeña pausa y ambos aprovecharon para dar un trago a su cerveza, Loki estaba acostado entretenido con un hueso de carnaza color verduzco, y continuó -
No saben bien qué pasó después, pero algunos están seguros que Erik no hizo nada más, ambos esperaron a que llegara la gerente para pagar e irse, y que fue Mindy quien regresó a la tienda algunos días después para preguntar por Erick, es amigo de la gerente y parece que le dió su número o algo para ubicarlo. Esta parte fue tierna para todos, además de una sorpresa. Fue cuando los empezamos a ver juntos ya en otros lados, iban al cine, aquí a la plaza flotante, los veías remando y Mindy le enseñó a Erik a velear.
La veías a ella como radiante, dando vueltas y saltitos alrededor de Erik, que no empezaba por enterarse de qué estaba pasando, tenía siempre un gesto agradecido, embelesado, y le brillaban los ojos igual que el alma, era divertido ver como sus gestos, su forma de seguirla, de hablarle, de mirarla, prácticamente todo el, gritaban para ella y para todos, lo que alcanzaba a callar apenas con la boca, él estaba jodidamente enamorado, ella también, él lo ignoraba, ella lo sabía todo.
Cosa valiente la de ella, todos pensamos que sus amigos le harían “el feo”, que le cerrarían el círculo pero Erik tiene ángel y sin ningún esfuerzo  encajó en todos los aspectos de ella, con sus amigos, en sus fiesta; lo vimos todos aprendiendo a bailar, agarró un valor y una soltura impresionante y se veía movido tan solo por lo que él sentía por ella. Ella lo disfrutaba, se la veía segura, parecía sentirse protegida en y por la inocencia de él, ella le coqueteaba, se le acercaba y alejaba y él no parecía arriesgarse a interpretar nada.
  • ¡Ja! Como todos nosotros.
  • Como todos nosotros - dió un trago a su cerveza y continuó - La cosa siguió así un rato, algunos nos acostumbramos, era bonito ver esa especie de cariño tan libre y tan suelto, otros, lo más conservadores, algunos viejos y sobre todo los necios, parecían impacientarse con la historia, como si alguien les correteara.
  • Ya casi nadie tolera ni profesa el cariño, como que les urge sentirse amados, beberse el empaque o que se los beban a ellos, terminar, terminarse y a lo que sigue, hay cierta prisa y quererse es una cosa que se toma su tiempo, y la han perdido muchos, desde los novios hasta los amantes.
  • A veces pensaba que tenía que ver algo con el tráfico, con la idiota cantidad de carros que hay las avenidas grandes o principales.
  • ¿Con el tráfico?
  • ¿No te has dado cuenta que en las avenidas principales todo es bastante acelerado y atropellado? No solo es el andar rápido de los carros y, por supuesto, los accidentes; eso se contagia a la gente, pero no a todos, porque algunos se aceleran todos y hay otros más calmos, que caminan como “turisteando” y se van estorbando, sobre todo con los torpes que caminan a mitad de la acera y estorban tanto a los acelerados como a los lentos - la cara de Conn se había vuelto un gesto entre risa y desesperación, pues constantemente se quejaba de ellos, sobre todo de los torpes, que más que torpes parecían ciegos o indiferentes a la situación de estar estorbando el paso de los demás, un poco de bestialidad.
  • Y todo eso se generaliza, traemos una prisa endiablada, todo lo hacemos corriendo . . . hasta beber - volteó su cerveza y las últimas cuatro gotas salieron lento, puso la cerveza en el piso, a un lado de su pierna y Loki se acercó con ojos iluminados al envase, lo olfateó ilusionado y dió un par de lengüetazos, al comprobar que no había nada se volvió a su hueso, Conn le hizo una caricia sobre la cabeza, detrás de la oreja y regresó a su posición, a un lado de su amigo. Ambos se quedaron mirando a Erik un breve momento, antes de que Conn preguntara:
  • ¿Y después?
  • Después. Después de un tiempo ya no se les veía si no era juntos, en la biblioteca o algún café leyendo, en el mar sobre el velero de ella, corriendo, en el cine y de fiesta, parecían un cuento, y a todos nos llenaba de un aire fresco, renovado. Ni siquiera se perseguían, a veces ella iba él y viceversa, a veces simplemente se encontraban con casualidad sobre los puentes, las fuentes o las calles, y ya no se soltaban hasta noche. ella le daba la mano, y él nunca la soltó, pero siempre marcaba una ligera distancia como de ¿respeto?, ella estaba siempre radiante, y él también.
Pasaron apenas seis meses, y eran como flores que nunca marchitaban, no estaban cortadas me imagino, más bien plantadas. Un día, habrá sido viernes o sábado, estaban los dos en el Gimnasio, él buscando algo en la biblioteca y ella programando la clínica de vela, lo de siempre. Yo me enteré porque estaba saliendo de la librería que estaba a contraesquina: “VIII y último”, y de ahí me dirigí a la plaza de la “Akademia”, estaba particularmente lleno, apenas pude encontrar lugar, Erik estaba sentado en el puente que hay sobre el estanque de los peces cuando llegué, yo ya no me siento ahí, he perdido mis llaves más de una vez, aunque es un lugar bastante cómodo. Fuimos muchos los que vimos a Mindy salir tan resuelta del portal del Gimnasio, siempre iba radiante, pero aquel día en particular deslumbraba, parecía que hubiera recibido un premio, alguna mención o algo, y Erik lo notó de inmediato. En cuanto notó su luz se paró de inmediato, cerró su libro y esperó a que llegara con él, ella se sonrojó un poco, como quien no puede con la emoción y ansiedad de dar una noticia, a mi en lo personal se me mezclaron las emociones, me dió ternura por ambos pero ese rubor me hizo pensar por alguna extraña razón que la noticia que tenía para él era que se había enamorado . . . ¡De alguien más! Algo así como el costo por su lentitud, por su inocencia.
  • ¡Proyección! ja, ja, ja; y sentido trágico ¿Qué demonios te pasa? - le dijo Conn mientras se llevaba la mano a la boca para no prolongar su risa, su amigo también rió
  • . . . Idiota, ja, pero sí, ahí me di cuenta que también yo me había encariñado con la bonita dupla - dio otro trago a su cerveza, bebía muy lento, pero además la conversación se había vuelto interesante y adictiva, después del breve silencio continuó - Cuando por fín lo alcanzó ella se lanzó a sus brazos, y él la atrapó con naturalidad, en el pequeño gesto dieron una pequeña vuelta, ella colgada de su abrazo, como esas escenas cursis de las películas, se veía la emoción de ella, yo no pude evitar empezar a reirme un poco escandaloso, me ganaron los nervios, tuve que voltear a ver rápido mi libro en una página al azar, para disimular.
  • Sí, porque obviamente a nadie le extrañaría que alguien se carcajee leyendo un ejemplar de Teoría de la Relatividad de Albert Einstein - le interrumpió Conn, burlón.
  • ¡Ya sé. ya sé! - su amigo estaba sonriente, consciente de su propia ñoñería - Ambos se recargaron sobre el barandal de madera, ella veía sobre el estanque y la miraba como expectativo, adivinando qué traía Mindy en su mirada, en el brillo acrecentado de ese día. Había mucha luz, y hasta los colores alrededor de ellos resaltaban, de repente ella guardó silencio, dió un paso hacia atrás girando sobre sí misma y se puso justo delante de él, acorralandolo contra el barandal, algo le dijo porque Erik hizo un gesto como riendo y ladeando la cabeza, puso una de sus manos sobre sus ojos y parecía hacer trampa porque Mindy parecía reírse como impaciente y hacía juego de molestarse, sin dejar de verse divertida con la situación. Terminó ella por taparle los ojos con ambas manos, una sobre cada ojo, Erik puso una cara como de estar esperando, ella se acercó a su oído a susurrarle algo, él sonrió mucho, tranquilo, sin mucha sorpresa, ella siguió hablando y mientras lo hacía recargaba su rostro cerca del oído de Erik y se retiraba un poco despacio hacia atrás, por fin un gesto de pequeña intriga en el entrecejo de él, todavía inocente, no se había dado cuenta, y todos a su alrededor estábamos como piedra, como si contemplaramos el descubrimiento de una ciudad perdida de oro y plata.
Ella siguió su recorrido lento hacia atrás, y él la acompañaba, con su permanente rostro agradecido, como si lo hubieran salvado mil veces de un abismo negro e intragable. La frente de ella rozó su barbilla para por fin separarse de él, y Erik conservaba su gesto sereno, jugando el juego de ella, que seguía tapándole los ojos. Ella lo miró un momento, se reveló enteramente enamorada y hasta pareció desprender más luz, una palabra dijo ella, otra él, sin dejar de taparle los ojos se acercó fluyendo a su boca, y como si fueran piezas se unieron en el beso, fue una fiesta, por fin el rostro de Erik revelaba una genuina sorpresa  y sin embargo no se apartó y la besaba con una naturalidad como si la hubiera besado por cien años, como si no fuera su primer beso, como si fueran de esos amantes que se persiguen  a través de los años, la literatura, los siglos y las dimensiones. Ella descubrió sus ojos para tomarle el rostro, el hizo lo mismo, se juntaron con toda naturalidad, con el mismo ritmo, parecían fundidos. todo empezaba a fluir alrededor nuestro de nuevo, y aunque era todo un espectáculo no había ningún morbo, se sentía la ternura entre los presentes y la misma naturalidad con el que el día ca atenuando sus luces, dejamos de prestarles atención, les dejamos seguir en su beso y en su abrazo, todos nos sentíamos regocijados. - Guardó silencio, parecía de nuevo transportado a aquél día, se le veía cómodo, enternecido, como quien se deja atrapar con las líricas y la poesía, por las cosas bellas. Conn y su amigo volvieron su atención al jóven de la banqueta, y conn hizo un esfuerzo por imaginarlo en días más gloriosos, por sacar su imagen de aquel atolladero, que parecía sumido con la mirada en el fondo verduzco de una botella; incluso a la distancia parecía que veía lo vidrioso en sus ojos a punto de reventar, de romper en lágrimas.
Después de un momento le pareció inevitable repetir la pregunta: - ¿Y después? - su amigo pareció al principio un poco renuente a arrancarse de ensimismamiento en que se había adentrado, pero terminó por contestar.
  • Después . . .
Después se hicieron novios, y si ambos ya eran luz, aquella situación sólo lo volvió más dulce, se vieron fortalecidos, parecían conquistar el mundo y se sentían imparables, y aunque nadie se entrometía parecía que todos nos involucrabamos, gran parte del pueblo procuraban por ellos, aunque de manera discreta, eran algo especial para el pueblo, una especie de faro, y vamos, esta parte del Estado siempre ha sido muy conectada, recuerda mucho a las viejas aldeas, hay un cuidado que se extiende entre todos, y eso ha puesto este pueblo en el lugar que está, pero el caso de Mindy y Erik era especial - hizo una pequeña pausa, y lo que dijo a continuación atrajo la mirada de Conn - Parecía algo metafísico, Erik parecía no sólo animado por la música de Mindy, se veía “hinchado”, engrandecido, como la fuerza sobrehumana que reciben los héroes por favor de los dioses pero sin la soberbia, de repente él también bailaba en derredor de ella, estaba valiente y animado, de repente a esa “voluntad de la especie” de que la habla Arthur en algunos de sus ensayos, y se le podía creer como empoderado por algo más grande  aún que su voluntad individual, como si quererla a ella, fuera una tarea noble encargada por la especie para su propio beneficio, pero no le quitaba ese amor infinito que le brotaba del pecho, producto sólo de él, y de ella. No había aquí una ilusión como treta para consecución de un fin ¿Cuál? ¿La conservación de la especie? No, era una cosa bastante más real, sólida, que podíamos palpar todos, que daba nitidez a los colores, sabor al pan, calor al café.
Ellos empezaron a andar por octubre, cuando los abedules tienden su alfombra naranja y pardo de hojas secas sobre la callejuela de Mirades frente a la Akademia, yo los ví varias veces, me les unía o me alcanzaban al café o en el mar, no por nada en especial, se habían vuelto amigos de todos. Así fueron tres años, casi cuatro, hasta julio del año pasado - Se interrumpió de golpe y pareció buscar en su razón una forma de continuar, demoró unos momentos, pero antes de que Conn preguntara una vez más, su interlocutor respondió: - Nadie sabe qué pasó - Algo en el gesto de Conn se vió asaltado por la sorpresa y de inmediato quiso empezar a hilar ideas, su amigo interrumpió pareciendo adivinarle el pensamiento.
  • Y no tiene que ver sólo con el respeto a la privacidad. Uno de los días veintes de Julio no se les vió, no era raro, tenían muchos fines sólo para ellos. Pero ese día había un viento frío corriendo por la costa de aquí de Tales, se metió a las casas y a las tiendas, nos iba poniendo ansiosos y a los necios un poco supersticiosos. Después empezó a briznar, y con ese viento frío varios nos vimos un poco deprimidos, a mí me agarró en el Museo de Gola, habían montado una exposición de pinturas y fuí a ver para ver su ahora si entendía algo. Estaba dándome por vencido cuando empezó a caer esa brizna y nos arrebató el viento, sacaron las sillas en el museo y cerraron las puertas, sólo para que no se alborotara por dentro, aunque ya nos había pegado a todos ese extraño viento frío.
Y pasó algo todavía más raro, el aire que andaba como fantasma por Tales no era extranjero, era de aquí y hasta los necios hablaban de mal agüero o de tragedia ya acontecida. en cuanto pude moverme fui a casa de mis padres, la brisna siempre fue ligera así que no llegue muy mojado. Empezaba a oscurecer y mi mamá había preparado chocolate, algo para levantar la pesadez del viento. A la mitad de la cena mi madre comentó que había visto a Eric en la calle, que le vió raro, llevaba la mirada totalmente apagada, mi mamá apenas pudo contener su grito por la impresión cuando lo vió del otro lado de la calle, parecía un fantasma, y se le veía que caminaba con dificultad, como tambaleándose, y además iba sólo, mi papá dijo que lo mejor había discutido con su novia, pero nunca nadie lo había visto así. Esa noche dormí en casa de mis padres.
No fue una noche tranquila, creo que para nadie, en el desayuno, antes del trabajo, todos estábamos lagañosos y la pesadez del día anterior había hecho recoveco entre nosotros, como que se había forjado un hueco entre las paredes. Cuando salimos a la calle no parecía diferente, era un día soleado pero había como una bruma que empañaba la vista a lo lejos, como cuando ves con los lentes sucios. Fue un día particularmente triste, extraño, no había muchos motivos solo era una sensación que recorría toda nuestra costa, ese día no prestamos casi nadie mucha atención a los detalles, estábamos distraídos, hablábamos torpemente e incluso en la oficina todos se habían sumido en sus pendientes, como queriendo desplazar con ello la sensación general.
Después de la oficina me desvíe para acá, la casa de mis papás estaba vacía a esa hora y tampoco quería regresar a mi casa. No fui el único, las cafeterías y bares se habían llenado, y era una especie de complicidad, todos sabíamos por qué estábamos ahí, era un día entre semana y aunque la clientela no escaseaba, rara vez se llenaba así antes del viernes. Incluso los meseros parecía más felices por la simple presencia de la gente que por los clientes en general, las mesas se hablaban entre ellas y los meseros atendían a la conversación también, de a poco se iba limpiando esa cosa gris que nos estaba empañando.
Me uní a la congregación de buen grado, tomé una mesa de mimbre y cristal y saque mis libros y mis libretas, no tardaron en atenderme y me pedí un chocolate, me había quedado grabado la dulzura del gesto de mi mamá anoche. Había mucha gente, saludé a los que conocía e incluso intercambié sonrisas con los que me eran extraños, había por ahí una niña preciosa de chinos espectaculares, como los rizos que quedan del metal y la madera cuando los tallas, ya sabes ¿no? La miré un momento hasta que me sorprendió la mirada y no me acobardé, no se de dónde venía, pero de Tales no era, no la he vuelto a ver.
De pronto me acordé lo que había dicho mi mamá ayer, y quise buscar a Erik o a Mindy entre la multitud, pero no los encontré, pensé que a lo mejor estarían solos en casa de alguno de ellos, si les había pegado esa extraña sensación como al resto de nosotros probablemente necesitarían derretir un poco el corazón, no pude evitar sentirme un poco celoso de ellos.
Al poco rato me alcanzó un colega de la oficina, Clapton se apellida si mal no recuerdo, y unos minutos más una compañera de ambos, Veronica. Se sentaron conmigo, y la chica pidió una bebida de esas extrañas de mil colores y Héctor un té, platicamos un rato del trabajo, pendientes y bromas de la oficina, hasta que alguien de ellos también se acordó de la pareja - “Vieron a Mindy y Er” preguntó Vero - “No, no se han aparecido, pero quizás están juntos” - le contesté, la misma sensación de buenos celos que me invadió a mí pude verla en ella, era entendible.
Sin embargo, nadie supo de ellos en algunos días. El sopor de aquel viento duró un par de días más a lo mucho, pero incluso cuando se fue nadie podía dar cuenta de ellos y la preocupación se empezaba a hacer presente entre nosotros, discreta pero ahí estaba, como picando las costillas. No fue sino hasta que algunos valientes, de sus más cercanos, se habían dado a la comisión de irlos a buscar a sus casas, que vimos a Mindy aparecerse sola por la fuente en los jardines. Brillaba, pero brillaba diferente, fuerte como siempre, radiante y hermosa, pero había algo que no estaba ahí, no sé cómo explicarlo, le faltaba un brillo a su brillo, y algunos se dieron por enterados de inmediato. Fue chocante para ellos primero, después para el resto, no podían asir lo que parecía que había sucedido, habían terminado y nadie sabía por qué.
Cuando la noticia cayó por fin fue como si un volcán hubiera despertado de pronto y de la nada, sin aviso y violento. Al principio, los primeros que lo intuyeron quisieron guardarse el secreto por algunos días, parecían invadidos por algo extraño, pero con el paso de los días el rumor encontró la forma de hacerse espacio en casi todos en Tales. Nadie sabía qué hacer o siquiera si había que hacer algo, si era imprudencia o falta de discreción, de respeto, había una angustia compartida, que a muchos hizo sentir como si los despertaran de un sueño compartido al que no tenían ni idea de cómo habían llegado, se preguntaban cómo habían generado tanta cercanía por esa pareja en particular y lo que estaba significando ahora para todos, o casi todos. A Erick no se le vió en algunos días.
Mindy pareció volver a su rutina habitual, a la de antes de Erick, sus pasos recorrían las mismas calles que hacía siempre, siguió con la Vela, seguía siendo popular, una mujer hermosa y seguía brillando fuerte, como lo hizo antes de él. Se le veía sonriente, resuelta, se le veía ella natural, y era algo que perturbaba y tranquilizaba, irritaba también ¿cómo podía parecer tan tranquila si incluso a los externos nos era un quebradero su separación? Sin embargo la reacción general del pueblo fue amena, una vez que todos pudieron cargar con la noticia nadie juzgó, nadie quiso adivinar ni hacer asunciones de nada, nadie tenía ni la más mínima idea de qué había sucedido y nadie se puso a hurgar en los rincones para ver qué averiguaban, más allá del lamento generalizado todos guardaron una sana distancia del asunto y no se les trató diferente a ninguno de los dos. Todos, desde los tercos y necios a los más conservadores guardaron cierto silencio, como acompañando la cosa ¿sabes? todos entendieron algo, que los llevó a no juzgar, a no intentar nada, a sólo acompañar callados.
  • ¿Incluso con él? - Preguntó Conn, que no terminaba de entender cómo podían seguir tratando igual a alguien que parecía más que roto, que parecía clamar a gritos alguna mano que lo sacara de allí, su amigo observaba a Erick, que seguía al resguardo de los tejado y con la mirada perdida, esforzándose por no mirar mucho tiempo a nada en concreto.
  • Sí pero no, con Erick fue todo extraño cuando por fin apareció. La primera vez que lo “notamos” de nuevo en la calle fue sobre la explanada fuera del Gimnasio, fue una terrible escena. No podías sentirlo, o mejor dicho sentías frío por donde él pasaba, sentías una ausencia, era como una masa extraña y pesada que no rebotada luz, que la tragaba, y las cosas parecían hundirse un poco a su alrededor, tenía el rostro severo, como inexpresivo, atajado en un medio ceño fruncido que parecía por romperse a gritos y llantos, y podías ver lo cansado que estaba de trata de mirar a la gente a los ojos, de levantar la mirada del piso, como si fuera una babosa y cualquier contacto fuera sal, respiraba con dificultad, caminaba rápido, se estremecía constantemente y a veces sudaba frío.
Algunos de sus amigos lo interceptaron en cuanto salió de la Akademia, lo obligaron un poco a levantar la mirada y cuando vió por más de dos segundos a los ojos de uno de ellos, cayó de rodillas frente a él, apenas logrando sujetarse de sus brazos, con la cabeza totalmente baja y la frente recargada en el pecho de su amigo rompió incontenible en llanto, podías escucharlo suspirar a lo lejos, peleando por respirar entre lamentos, roto. Todos los demás lo abrazaron y se quedó inmóvil, como escondido en el refugio del abrazo pero sin volverse a sujetar de ninguno de ellos, desconectado, se veía impotente. Lloró por un momento más y la gente alrededor apartó la mirada, no como si estuviera incómoda, sino para no cazar a Erick ni cargarle el peso de devolver la mirada a nadie, algunas palabras se dijeron, y partió casi en seguida, sólo.
Nadie volvió a verlo llorar por un tiempo, pero en definitiva no estaba mejor, pasaban los días y algunos meses pero no parecía poder moverse de ese nuevo lugar. Ese tiempo pudo mantener la misma expresión medio severa y de ceño fruncido, era un fantasma que se daba notar por el frío que provocaba, y a veces simplemente no se le notaba, se volvió invisible por ratos. Supongo que el cansancio pudo con él; poco a poco se fue convirtiendo en esta escena de enfrente, se le caían pedazos, y ya casi nadie puede encontrarle la mirada, atiende el trabajo y se le ve de vez en cuando por ahí, pero rara vez habla con nadie, convive, pero no por mucho tiempo y vuelve a irse. Más pasaba el tiempo y algunos quisieron darle la mano, sacarlo de donde está pero ahí donde habita ya no llegan las cosas, ya no llega la luz y quién sabe qué aspecto y qué sabor tiene cualquier cosa que le digamos, no tiene asidero, y no reventó en ningún vicio ni extravagancia donde al menos pudiéramos acompañarlo o alcanzarlo, porque de ahí al menos ya sabemos algunos que hay caminos de vuelta, porque es encontrarse y actuar todo el goce y toda la porquería que pesa, que uno luego se toma y te embriaga y la vomitas, pero pues ya, la vomitas, y te sigues derecho, sales o asomas la mirada.
De repente podías encontrarlo en las banquetas leyendo, y otras más, no lo notabas si literalmente no te tropezabas con él, porque no lo veías, porque literalmente no podías encontrarlo. Se re incorporó a sus viejos lugares, a sus hábitos y hobbies, pero todo lo hacía con menos fuerza, ya no explotaba, y aunque antes de Mindy siempre había sido un poco más reservado que el resto, si tenía una fuerza propia y se concentraba en sus quehaceres, ahora podías verlo arrastrado por la corriente de la rutina sin más. A veces se tambalea y lo ves recargado en algún lugar, nunca pidió ayuda y en realidad no sabemos si la hay, si algo o alguien se le puede acercar, Tales perdió esa luz que había ganado con ellos, y nos quedó un fantasma, y una historia que no entendemos.
Con él no lo hemos logrado nadie, y pareciera que a pesar de todo este tiempo el sigue en caída libre, y se le ve en la mirada, esa de ahorita, que ve al fondo de quién sabe qué cosa, o que busca el fondo, porque sigue sin encontrarlo y lo atraviesa todo, ya no hace reparos ni paradas en casi nada, está autómata . . . - Carlos se tomó un respiro, comenzaba a angustiarse, y era contagiable. Dió un largo trago a su cerveza tibia hasta que la terminó, y por un momento no volvió a hablar, la historia había terminado, y a pesar de que había contado las partes importantes y detalles, parecía que había terminado muy rápido, como correteada por quién sabe qué prisa.
Conn no pudo pensar en nada más, al igual que su compañero sólo se quedó viendo a Erik a la distancia, que parecía no poder advertir ni a los amigos que le prestaban atención ni a nada en realidad. Con la mente en blanco, sin palabras más que en blanco, no podía evitar pensar en esa situación como una de sus siempre presentes posibilidades, desprendido de cualquier lazo y con la imposibilidad de volverlos a generar. Esa catástrofe sucede siempre que perdemos a alguien, nuestras “puertas” al mundo; todas las demás cosas se empapan de aquello, nuestros lazos y anclas principales son el conducto por el que pasa todo lo demás, toman parte de su forma como si fuera una llave, y si una de éstas se pierde se van con ella ciertos lugares y sabores, canciones específicas, momentos, y a veces la estancia misma, uno queda como arrojado a lo crudo, y nada lo envuelve ni lo cobija. Es un feo final, pero tampoco se supone que dure tanto, que lo arranque todo, no así.

Loki empezaba a desesperar, no soportaba mucho tiempo en ningún lado sin estar activo y se quería mover, Conn le acarició detrás de las orejas como para tranquilizarlo un poco, y dirigió una última mirada a Erik, apenado por dejarlo ahí, sin una palabra o sin siquiera invitarle una cerveza, como recordatorio de que hay muchos acompañándolo en su soledad, que si bien, nadie puede realmente “sacarlo” de ese fondo, no está solo, no tiene que estarlo.

Sol

  No sé cuánto hace pero siento el frío y herido en el orgullo   pretexté   la vacuna el desvelo el ejercicio el hambre y la verdad se va po...