No me sueltes mientras escucho tus canciones,
podría morir.
Podrían matarme.
No sé si invocan tu presencia,
una especie de fantasma,
aparición,
o si oradan dentro del agujero que fue mi corazón.
Sostienen débiles pilares resquebrajados
del perfecto hueco que logró quedarse.
Testigo redondeado y lleno de figura, de la tuya.
No sé por qué me empeñaba en que no me gustaban sus canciones.
Ahora ya soy, y ahora ya, ya lo soy, otro fan de John Boy.
Y contra todas mis maldiciones,
por ti, sin ti, por fin me vuelvo un pésimo poeta,
el que puedo ser.
Después de la explosión ha sido como renacer,
otra vez,
Aprender a hacerlo todo,
otra vez.
Beber café.
Tomé mil tazas, con y "sin " ti,
mientras fuímos.
Y sólo hoy, por fin hoy,
rodeado de gente,
sentí que tomé ese café de las 7, sólo.
Incluso mi alma rehuyó ese café malpedido de Starbucks.
No tuvo nada que ver con el espresso rebajado.
Mi alma sabía que era café, no un buen café, pero era café,
mi alma también sabía que en esa taza no éramos,
no estábamos.
Mi alma se apartó de mi boca en ciertos tragos;
que aprenda el cuerpo primero,
ya luego me llamas,
algo así dijo.
Quizás también lo hizo por la desmadrugada,
muy pronto para tomar café sin tí,
sin nosotros,
ahí en la taza donde no somos.
Como aprender a hacer todo de nuevo.
Beber y Café.
Porque hace algunos días no tenía que distinguir,
no podía,
entre besar el primer sorbo y tus labios.
La cerámica no era tal, era portal,
a los intersticios de tu aliento y piel.
Porque incluso en esa brecha en que nos perdimos,
bruma,
tenía el café contigo.
.AleJavier.