La reconstrucción del sueño, ni siquiera el sueño en sí. Lo cual lo vuelve injusto, aterrador y culposo, en el sueño caben todas las posibilidades, en el sueño todo tiene lógica, en el sueño solo operan las reglas de un deseo que nuestra consciencia ni siquiera se atreve a reconocer, y lo deja oculto, latente.
En el sueño se trata sólo del goce... O del placer? Pero el despertar llega a ser doloso, y si aquella instancia; propia, de las reglas y la moral, con la que uno se pelea a cada instante; nos permite recordar lo elaborado, nos ataca con culpa... Estúpida culpa... Estúpida moral... Estúpido y sensual Nietzsche
El sueño:
Es mi graduación, la que ya viví, no la que esta por venir... La graduación de unos años que pase en automático, casi en automático... [Una clase de rezago narcisista me retrajo en mi, aunado a la disposición de la negación de una realidad tan propia que me aterra]... Pero esa graduación de ese sueño en específico, fue más real, más incluso que la que me esforcé por no vivir, ese miedo innato a que las cosas se terminen... En fin, es la graduación de mis años de primaria, donde por supuesto, yo no tenía 12 años, era mayor, o al menos en la percepción del tiempo de los espacios de mi mente lo fui... Celebrado a bordo de un barco, un yate, precioso yate... Enorme, a manera de Titanic y donde el destino no estaba fijado, iríamos casi libres, sin arriesgarnos a serlo... Estúpido Fromm... La fiesta fue elegante, a la par de lo más divertido, lo más casual, lo más libertino, y en un llamado natural me dirigí a su cuarto... Sigo sin saber de quien, no la buscaba a ella, yo buscaba un baño, el buen comer no siempre se vuelve amigo de los vaivenes de un barco a la deriva... Después de lo propio... En el lavabo, mientras el agua se lleva un poco de mis pensamientos, la puerta la abren abruptamente, y entra ella... Ella quien su rostro nunca me esforcé por conocer más allá de la máscara, de la presentación de buenos días, y fue un momento más que perturbador, estuvo lleno de paz y picardía.
