El horizonte está hecho de pan de elote . . . y hay que navegar mucho para llegar ahí.
Hay que atravesar nuestros océanos de agua salada y los de chocolate hirviendo, que son de ellos. Hay que despedirse de la Isla donde nacieron todas las lenguas, esa Babilonia-Babel maldita. Hay que despedirse de ella en serio, pues uno no volver a verla jamás, ni a su cuna.
Hay que atravesar esa estúpida isla de macarrones con queso, macarrones con queso prefabricados; su tierra sabe a microondas. Hay que continuar por océanos de chocolate salado, que ya no son nuestros ni de ellos . . .y es ahí, donde el calor hirviente comienza a descender, a cierta hora específica, que no se encuentra todos los días, que uno se topa sin darse mucha cuenta con la orilla infinita del horizonte, el último límite de algo que uno verá,
Es una orilla sin principio ni fin, al menos lo que marca de un lado al otro y hacia el frente, uno ha llegado al horizonte, extensiones eternas de pan, y un olor delicioso, pan eterno. Uno no morirá de hambre ni de sed y, una vez muerto, los huesos y la carne se vuelven trigo y maíz, lo que siempre fuimos, apariencia engañosa.
Uno puede caminar, se encuentra siempre en el inicio del horizonte, el recorrido nunca se termina y en esa caminata uno puede pensar las cosas que nunca se animó, a las que nunca dio tiempo, o las que siempre puso y busco algún pretexto para no pensar, uno puede vivir sus fantasías una a una hasta volverse satisfecho.
Los pies nunca se cansan Pero uno jamás dormirá tan cómodo como en aquella superficie blanda dónde ni el calor de las sábanas ni el peso protector de un edredón hacen falta, aquí los monstruos se han despojado de su vergüenza y terror.
Uno ve un paisaje de estrellas diferentes, y aquí bailan y revolotean y a veces se las ve bajar a los océanos a beber, a veces chocolate a veces agua salada.
El camino nunca se termina y uno puede recorrer de vuelta todos los días y años que haya dedicado a pasear, eso es el horizonte, una interminable sucesión de pasos y paseos, uno puede volver al lugar del que partió, si es que ese lugar no lo encuentra caminando en este sitio, para ello haría falta recorrer otra vez los océanos de vuelta y para eso hace falta otra vida, pero, aunque uno la tenga, no lo dispondrá para ello, es aquí donde uno siempre quiere quedarse, en este horizonte de pan de elote.
- pinchecafé
