viernes, 4 de octubre de 2013

De carácter dulce...

Las historias nos agarran donde sea y a mi en particular me agarran de verdad, en cualquier lado...
las historias, los divagares, los vagabundoes y los torbellinos de ideas sin sentido aparente entrelazadas a pretexto de una asociación libre que ni lo es tanto..
Así en la oficina soy victima de mi propia distracción y me retraso en el trabajo, con el descaro de escribir esta entrada justo a lado de mis compañeros en el servicio.
Hoy pensaba en el amor, en toda su magnífica y magnificada significación, mientras leía a Lipovetsky que me habla de ese amor pasional, que edifica vidas, que las destruye, que les da sentido, el lo hacia para con las mujeres, cosa que de tanto en tanto me incomodo ya que siempre he pensado que ese es mi pilar fundamental en la vida, muy romántico si quieren pero podemos rastrear su incidencia en mi vida a partir de que fui educado en una familia católica donde el amor es el principal fundamento, lo he incorporado a mi vida y en realidad me siento a gusto en el.
Luego lo comparo con mi carácter melancólico y distraído, absorto a ratos y se me ocurre la metáfora entre el amor, el azúcar y el café. Y es que dentro de mi carácter amargo, pero rico, como el café, el amor es esa azúcar que nos gusta.

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