Fue una extraña y maravillosa serie de coincidencias. Un asalto si quieres. Empezando por lo inadvertido del encuentro, su improbabilidad y sin embargo sucediendo. Conversación perfectamente fuera de lo esperado, fuera de esa línea que siempre, queriendo o no, siempre cuidamos. No sólo no preguntó por lo que me gustaba, sino que se fue directo a lo que no, atinando y coincidiendo, extraña y maravillosamente, con cada punto.
No sé que más hay detrás de esos lentes de pasta gruesa, pero algo empieza a quemar en mí, y hacía un rato que cierta emoción no me asaltaba. Aún con todo no pierdo precaución, y agradezco ese viento ligero y fresco que hizo remover el polvo de mis ventanales, de las velas y la escotilla. Con mi suerte particular no pienso levar el ancla fondeada, sólo quiero aprovechar esta brisa y este ardor, que me remuevan el cabello, que me regale cierto sopor.
- Conn
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